Fuente: IsraelPalestina.wordpress.com

La guerra que te vendieron

¿Por qué no informa quien debe informar? Sería la espuma de lo que es la cuestión en sí. En este caso, el contenedor al que me refiero son los conflictos bélicos internacionales. Aún así, pese a lo pomposo y apabullante que es, no es más que el contenedor que engloba todo. Yo me quiero centrar en la parte de abajo, lo que yo llamo “las babas”, lo que peor regusto te deja.

¿Qué lleva a un medio (bueno, si fuera uno no habría tal problema) a ejercer una labor de desinformación tal que la audiencia a la que se dirige tiene que vérselas y deseárselas para encontrar información contrapuesta sobre un conflicto cualquiera? Sí, no hablo de “no información” sino de “desinformación”; muchas veces, los silencios duelen. ¿Por qué ese parcialismo? Que no se debe ser imparcial porque eso en realidad no existe, ¡que sí!…Pero, ¿no será más fácil ofrecer los dos perfiles de un conflicto de dos para que el lector, espectador u oyente pueda sacar sus propias conclusiones y posicionarse? (Se supone que de eso va la historia). Ah, no, que eso supondría que la gente piense…

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Algo extraño pasa cuando tienes que filtrar no una ni dos sino más veces una información en tu cabeza. Al jugador de baloncesto Dwight Howard le pasó esto que mento hace unos días. Dwight fue informado del conflicto entre Israel y Palestina por Twitter y decidió involucrarse. Lo que siguió fue un aluvión de críticas, una disculpa (¿por entrometerse?) y una retirada a tiempo. Dwight es estadounidense. Israel, como todos sabemos, tiene como mayor aliado mundial a EE.UU. Eso significa que un jugador de la NBA no puede dar su opinión sobre el tema, ¿no?

Amigos, la guerra encarnizada entre Israel y Palestina lleva años y años ahí. Ya nos deberíamos conocer la historia. Y no, no es un partido de fútbol. Es más serio. Aprovecho la coyuntura para recomendar un gran documental sobre el tema: “Palestine is still the issue”, de John Pilger. Como en toda pieza, no está todo. El resto de trabajo, si quieren, es suyo.

Qué pena no poseer información para desmanterlarles el chiringuito. Se lo tienen bien montado los cabrones. “Nos van a dar un toque los de arriba como publiquemos eso” o “Como digas eso, no creo que te pueda invitar más a la tertulia” deben ser advertencias muy usuales en los medios cuando hay un conflicto gordo de por medio. Más arriba he dicho que era “algo extraño” y he dicho algo incorrecto: no me extraña, me da pena. Estoy curado de espanto contra estas cosas y aún soy joven, fíjense cómo está el percal. Venga, les propongo un ejercicio reflexivo en forma de pregunta.

¿Se imaginan a ElPaís (no el de Felipe ni el de Aznar, el de 2014), el periódico que mejor ha tratado la información internacional desde siempre, poniendo en un brete al gobierno judío?

¿Se imaginan a Pablo Iglesias Turrión o a miembros de Izquierda Unida portando un discurso amigo con el pueblo israelí y su compleja situación geopolítica en el concierto árabe?

¿Se imaginan a algún presentador de 13TV o columnista de ABC defender el derecho de los palestinos a no achicarse ante lo que puede ser considerada por ellos una invasión de su territorio indiscriminada?

No.

Información edulcorada. En otros ámbitos podría repanpinflármela. Hablando del horóscopo, de los rumores sobre los fichajes del Barça o de la calorina que hace o no en pleno mes de julio da más o menos igual. En una guerra, no. Los que se dedican y los que queremos dedicarnos a contar lo que pasa debemos contar lo que pasa, no conectar sólo cuando tenemos imágenes brutales de un tiroteo, una foto en la que sale un niño sin cráneo o sonido nítido de un misil tocando tierra. Además, el sensacionalismo es el menor de los problemas. Es con lo que la gente se queda, sí, pero es porque no tiene una información de calidad sobre la que apoyarse.

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Morralla bajo la decisión

Cuando nos aventuramos en las entrañas del periodismo deportivo, lo sucios y llenos de mugre que podemos acabar tras el trayecto es mucho peor que si te sumerges en las alcantarillas de Madrid. Cualquiera que lea los grandes diarios, escuche lo que se suele llamar tertulia o vea esas demacradas secciones de deportes en los informativos sabe de lo que hablo.

El mundillo del baloncesto tiene su idiosincrasia, como todos. No es la jauría del fútbol, obviamente. Pero nos pegamos entre todo lo malo que tiene la ACB y se nos pega al extrapolarlo a la NBA. El caso es hablar de lo negativo. Y uno de los acontecimientos que marcarán la liga norteamericana durante este año y los próximos es la 2ª parte de “The decision”, donde “The king” LeBron James ha decidido volver a su estado de origen para jugar de nuevo para Cleveland Cavaliers. Y a ello voy.

Pongamos un poco de cronología. LeBron James ejerció su opción de contrato por la que se desvinculaba de Miami Heat y pasaba a ser agente libre para decidir su futuro explorando él sus opciones. Ahí es cuando salió la camada de expertos aventurando con ningún acierto que aquel era un movimiento para reforzar el equipo heat y volver con más fuerza. Las apuestas, ese gran desconocido…

El tiempo pasaba y James no tomaba ninguna decisión. En esto que Chris Sheridan, un experto periodista que ahora trabaja de manera independiente en su página web, dijo que tenía información: al 90%, LeBron se irá a Cleveland Cavaliers. ¡Hala! Alguien con información, que finalmente se demostraría que era cierta punto por punto. Pero para los expertos lo único que hacía era joder la marrana.

¿Por qué esta majadería? ¿Por qué no nos divertimos siguiendo el mercado de fichajes y valorándolo cuando la información es oficial? Sports Illustrated ha conseguido la exclusiva del lanzamiento de la noticia, pero Sheridan se corona con lo que adelantó y no todos creyeron. El caso no es que acertara o no, que la situación cambiara o no, que el viento soplara en otra dirección o no. Me pregunto: ¿es tan difícil dejar de lado el forofismo o la pasión en una profesión donde hay gente que simplemente quiere hacer -y muy bien- su trabajo?

Cuando emites un juicio públicamente, te expones a que venga alguien y te lo desmonte. Y más cuando no tienes ni puñetera idea de lo que hablas porque no tienes información. Por eso, la lejanía te debe dar ese componente de mesura y observación que algo como la información NBA requiere en España. Mola eso de tirarse a la piscina de cabeza, pero tiene que haber agua.